20 de marzo de 2012

El Beato Gaspar de Bono, fundador de conventos nacido en la Calle Cañete de Valencia.


El Beato Gaspar de Bono es un gran desconocido, incluso en su Valencia natal, pero, como veremos, tuvo una vida llena de merecimientos para su veneración. Sus padres, madre catalana y padre francés, se establecieron en Valencia como tejedores de lino procedentes de la villa de Cervera y en nuestra ciudad nació Gaspar el día 5 de Enero de 1530. Recibió este nombre en recuerdo de uno de los Santos Reyes por haber nacido en la víspera de su fiesta. Vivían sus padres con una escasez angustiosa que se agravó cuando la madre, todavía joven, quedó completamente ciega y no pudo ayudar a su esposo en los telares. Como tampoco su padre era capaz de atender el pesado oficio, vendió las herramientas de su ocupación diaria y se hizo afilador y vendedor de juguetes de poco valor y quincallas.
Con estas condiciones, sus padres le colocaron a los diez años en casa de un rico mercader y Gaspar comenzó a sentir el anhelo poco a poco de ser sacerdote. Y no vio otro camino posible ni mejor que el claustro encontrándose con la fortuna de que otro criado mayor de la misma casa, que sabía latín, se ofreció a enseñarle esta lengua. De este modo, Gaspar entraba en el convento de Dominicos o predicadores de la ciudad aunque poco le duró el destino pues la gran pobreza de su casa le hizo arrepentirse de aquello y volver a su origen.
A los veinte años Gaspar, balbuciente y tartamudo en busca de más fortuna, se alistó en el ejército de Carlos V. Curiosamente era devoto de San Valero, porque, como él, tenía problemas en el habla. Estuvo en el ejército unos años, rezaba diariamente el oficio, el rosario y la letanía de Nuestra Señora; frecuentaba templos y no dejaba de dar limosna a los pobres, aunque faltase a su sustento. Un suceso dramático le aconteció en la armada y que finalmente le hizo cambiar de profesión. Y es en una escaramuza militar en Florencia en que él mismo cayó en un pozo seco quedando oprimido por su cabalgadura; los enemigos vinieron sobre él, y, después de abrirle la cabeza a golpes de alabarda, le dieron por muerto. En aquella terrible angustia invocó a sus santos patronos y a la Virgen de los Desamparados, prometiendo ingresar en la Orden de San Francisco de Paula si salía con vida. Y pudo cumplir finalmente su promesa.
Ya en su vida monacal no le resultó difícil cumplir la perpetua abstinencia de carnes, de huevos y lácteos, coro a medianoche y otras penitencias. Ingresó en el Convento de San Sebastián de la Orden de los mínimos, fundada en 1460, seguidores de San Francisco de Paula que se mantienen dentro de la estructura de las Ordenes mendicantes. Por ello, la salvación del prójimo no encajaba en la espiritualidad del Beato Gaspar Bono como fin primordial ya que sólo dentro de los muros del convento encontraba su sentido espiritual, en el silencio del claustro y con una vida contemplativa. El beato sufría de fuertes dolores; pero no sólo los soportó con paciencia y ecuanimidad, sino que todavía añadió a ellos la mortificación corporal.
De otro modo no hubiera sido posible y fue necesario que interviniese el arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera, para que el Beato Gaspar fuese elegido provincial de su Orden. Y aceptó el cargo por obediencia a pesar de que en su humildad rechazó cuanto pudo aquel cargo. También estuvo en Alacuás, Perpignan y Palma de Mallorca donde fundó algún convento. Murió el 14 de julio de 1604 y fue beatificado el 17 de septiembre de 1786 por S.S. Pío VI. Sus reliquias se encuentran en la Iglesia de San Nicolás de Valencia. Actualmente la Calle Cañete, azucat entrañable de la ciudad de Valencia, conserva siempre vivo el recuerdo de su vecino Beato pues allí tiene su casa natalicia y año tras año la Peña el Clau le celebra animadas y concurridas fiestas que atraen devotos y curiosos en unos actos muy populares.

22 de febrero de 2012

San Pedro Pascual, un gran santo valenciano comprometido con los desgraciados de su tiempo.


Una familia mozárabe originaria de Valencia y distinguida por su virtud y por sus muchos bienes de fortuna destacaba por sus numerosas obras de caridad y por emplear la mayor parte de sus rentas en mantener el convento del Santo Sepulcro de la ciudad, posterior Colegiata de San Bartolomé. Su casa era refugio de todos los necesitados y hospedería común de los religiosos que venían a redimir cautivos, especialmente de San Pedro Nolasco que fue el fundador de la Orden de la Merced. Habiendo tenido muchas dificultades para tener descendencia, el año de 1227 tuvieron un hijo en una casa contigua al Portal de Valldigna, que muestra una placa que recuerda su nacimiento, a quien pusieron el nombre de Pedro por devoción al santo fundador. Como habían rescatado a un sacerdote narbonés que después fue religioso de Nuestra Señora de la Merced y Obispo, le encargaron la educación y estudios de su hijo. Pedro empezó entonces con otros jóvenes de su edad pidiendo limosna para los cautivos enfermos y, estando la ciudad de Valencia convulsa por la próxima reconquista del rey cristiano Jaime I, la casa de sus padres fue asaltada por los moros que gobernaban el lugar.
Tras la conquista, San Pedro Nolasco, que conocía a esta devota familia, la presentó al rey D. Jaime. El rey ordenó entonces que sus padres enviasen a su hijo a estudiar a París y su Obispo, enamorado de su santidad y de sus talentos, le mandó que predicase el Evangelio en toda la extensión de su obispado. Fue compañero allí de estudios de San Buenaventura y de Santo Tomás de Aquino. Como estando en París murieron sus padres, dio poder a San Pedro Nolasco para que su patrimonio se repartiese entre huérfanos, encarcelados y cautivos. Al regresar a España en 1250 vistió el hábito de la nueva Orden de la Merced en el convento de Valencia. Se dice que sus superiores intentaban sin éxito moderar las duras humillaciones y penalidades que se profería. Marchó entonces a Barcelona para estudiar teología y predicaba logrando muchas conversiones por lo que el rey D. Jaime le encargó la educación de su hijo el infante D. Sancho que había abrazado el estado eclesiástico. Ya libre nuestro santo de este cometido, marchó a hacer una redención de cautivos cristianos en Granada y comprobó la crueldad con que se trataba a estos. Ya en el año 1262, el Papa Urbano IV le nombró obispo titular de Granada y aceptó el cargo con obediencia a pesar de su extremado rechazo a toda dignidad eclesiástica. En este tiempo fundó en aquella ciudad el convento de Santa Catalina, de su Orden, donde vivió después una vida pobre y humilde como religioso.
En Octubre del año 1275 quedó libre del gobierno de aquella diócesis pues se produjo una revuelta en que se asesinó a sacerdotes del lugar y se dedicó entonces a ir predicando por gran parte de España, Francia y Portugal defendiendo públicamente el misterio de la Inmaculada Concepción de la santísima Virgen. Estando todavía en Francia fue propuesto como Obispo de Jaén con aprobación del Papa Bonifacio VIII. Esta era una diócesis con muchos años de desgobierno y allí hizo un gran trabajo de evangelización. Llegado el año 1297 decidió viajar a Granada aunque aquello suponía un gran peligro y tuvo valor para emprender la conversión de los moros. Esto se calificó en aquellas circunstancias como un delito de estado y por ello le arrestaron y le encerraron en un calabozo. Cuando llegó a Jaén la noticia le fue enviada una gran suma de dinero para su rescate. Al recibirla, en lugar de emplearla en recobrar su libertad la utilizó en solicitar la libertad de una gran multitud de cautivos. Conocida por parte del pueblo musulmán de Granada la reclusión de Pedro en sus calabozos acudió tumultuariamente al palacio del Rey pidiendo la cabeza del santo misionero y el gobernante le sentenció a que le cortasen la cabeza. Se dice que la noche anterior a su ejecución celebró la Misa y fue martirizado el día 6 de Enero de 1300 teniendo setenta y tres años de edad. Apenas llegó a Jaén la noticia de su martirio pusieron su imagen de yeso sobre la puerta de la capilla del alcázar, dedicada desde su conquista a la Virgen de las Mercedes por el santo rey Don Fernando. Los Reyes Católicos, tras conquistar la ciudad de Granada, edificaron un templo en el lugar del martirio de nuestro santo y a él dedicado. Con el tiempo fue trasladado el santo cuerpo a la ciudad de Baeza, donde continúa en la actualidad en el altar mayor de su catedral. Entre sus obras literarias escribió un libro contra la religión de Mahoma, la llamada Biblia Parva, una glosa del Padrenuestro y una explicación de los Diez Mandamientos.
Por último, decir que no falta quien niega la historicidad de San Pedro Pascual basada en una identificación con otros personajes de aquel tiempo que compartían el nombre de Pedro. En suma, San Pedro Pascual se nos presenta como uno de los grandes santos valencianos y ejemplo de mercedario comprometido con los desgraciados de su tiempo.

23 de enero de 2012

Los Gremios medievales y sus patrones y capillas del Barrio del Carmen.

La importancia de los gremios en Valencia, y concretamente en el Barrio del Carmen, se remonta a tiempos lejanos. Con la entrada de Jaime I de Aragón en Valencia, se establecen en determinadas partes de la ciudad intramuros personas dedicadas a distintos tipos de oficio, que darán lugar al nombre de muchas de las calles, plazas y huertos. A principios del S.XVI los Gremios valencianos alcanzaron su esplendor y muchos de ellos adquirieron sedes con capilla propia donde se reunían para tratar los asuntos comunes y el buen régimen del oficio. Mientras carecieron de local y capilla, la iglesia del Carmen sirvió para dichas reuniones y fiestas religiosas.
Entre estos, un Gremio poco conocido fue el de los Cabañeros, que eran los que poseían cabaña o rebaño de ganado en las tierras valencianas. Su centro de reunión era una capilla situada en el primer claustro del Convento del Carmen y tenían por patrono a San Joaquín en su altar de la iglesia del barrio y le celebraban una fiesta anual. Los Caldereros fueron elegidos por el rey D. Jaime para habilitar el arrabal del "Tossal", en la zona correspondiente a la calle de la Calderería. Su bandera llevaba en la cima del asta la imagen de San Juan Evangelista labrada en plata. También celebraba su fiesta en el Convento del Carmen Calzado, donde tenían su capilla. Los del Gremio de Canteros, también llamados Pedrapiquers, celebraban en el primer claustro del Convento carmelitano donde tenían su capilla dedicada a Santa Lucía.
Un Gremio de gran interés histórico para el Barrio es el de los Sogueros, que celebraba sus cultos en el altar mayor de la iglesia del convento del Carmen, en el que tenían un beneficio y en atención a ello suministraban gratis las cuerdas que se necesitaban para las campanas. Pero pasó el tiempo y adquirieron una capilla dedicada a la Virgen de los Desamparados, y el Gremio vendió al marqués de Caro tiempo después sus propiedades. El Gremio de Sogueros se trasladó entonces a una travesía del Camino de Burjasot donde siguió con sus ritos y costumbres tradicionales. Otro Gremio que con sus distintas variantes, "assaonadors" o zurradores, "blanquers" o curtidores y "guanters" o guanteros, proporcionó fama al Barrio y cuyo nombre perdura rotulando una de las más populares vías del callejero valenciano, fue el dels Blanquers. Se dedicaba a adobar o aderezar y curar las pieles para ser trabajadas posteriormente en la fábrica de guantes, zapatos, bolsos, etc. Y es que el tratamiento de las pieles fue un oficio abundante en toda la vieja demarcación del Barrio.
Entre los oficios de mayor antigüedad de Valencia, cabe destacar también el Gremio de Moliners, que adoptó como patrona a la Virgen del Carmen, o el de Herreros, los cuales tenían su casa cofradía junto al Portal de Valldigna, y acogieron como patronos a San Eloy y Sta. Lucía. También encontramos a los Traginers, cuyo objeto era cargar el dinero y artículos de comercio y transportarlos. Tuvieron su casa gremial en la antigua plaza de Na Jordana, y su bandera llevaba en su remate el pasaje de la "Huida de Egipto". En cuanto al prestigioso Gremio de Esparters, que acogía gran cantidad de operarios por la abundancia de espartos en los montes de nuestra provincia, tenía su casa gremial junto al Portal Nuevo. Su bandera tenía la imagen de su patrón, San Onofre, que estaba también reproducida en la cima del asta. La fiesta anual la celebraban en la iglesia del Convento de San José y Sta. Teresa de las religiosas carmelitas descalzas de la plaza del Portal Nuevo. Por último, los Peraires se dedicaron a la fabricación de ropas de lana. Era tal la categoría de este Gremio que presidía en los actos públicos a todos los demás. Ocuparon el Huerto conocido del Tirador, emplazado en las calles de Cuarte y la de la Corona. En la iglesia de San Miguel, desaparecida a consecuencia de la guerra civil española de 1936, tenían sus capillas dedicadas a la Stma. Trinidad y a San Miguel Arcángel. Entre otras cosas, fue célebre este Gremio en la tradición popular valenciana por la colosal imagen de San Cristóbal que poseían y que veneraban en una capilla construida al fondo de la calle de Cañete. Otro de los Gremios valencianos que tuvo una especial devoción a San Cristóbal, al que de hecho invocó como Patrón, fue el de Tundidors, dedicado a igualar con tijera los paños. En su bandera gremial campeaba la imagen del santo junto a unas tijeras coronadas en oro, todo ello sobre fondo carmesí con fajas y adornos del preciado metal.

21 de diciembre de 2011

Santo Tomás de Villanueva, ejemplo de Arzobispo caritativo y fundador del primer seminario del mundo.

Tomás de Villanueva (1486-1555) fue un prestigioso predicador que nació en la localidad de Fuenllana y se educó y creció, Villanueva de los Infantes, donde fue a refugiarse con su familia con motivo de la peste que asolaba el lugar donde vivían. Ya en su infancia y, a pesar de que su familia tenía una posición acomodada, muchas veces andaba desnudo porque había dado sus ropas a los más necesitados. Realizó sus estudios con gran éxito en la universidad de Alcalá y en 1516 solicitó y consiguió ser admitido en la comunidad de los padres agustinos en Salamanca. En el año 1518 fue ordenado sacerdote y luego se dedicó a la docencia en la universidad. Destacaba sin duda por su excepcional inteligencia y por dar soluciones certeras a los problemas complejos que se le planteaban. En cambio, se dice que su memoria no era tan buena y que debía esforzarse en exceso para no distraerse en cosas menores.

En su atención a los enfermos era en lo que ponía una especial atención pues en ellos decía que uno se encuentra con Dios y puede hablar con él. Con cada vez más frecuencia entraba en éxtasis cuando celebraba la Misa y entonces su rostro se iluminaba, lo que llamaba la atención de quienes le veían. Ejemplo de esto es que se dice que un cierto día mientras predicaba en Burgos, tomó en sus manos un crucifijo y levantándolo gritó "¡Pecadores, mírenlo!", y se quedó en éxtasis durante un cuarto de hora mirando hacia el cielo, tras lo que se disculpó con los que le miraban sorprendidos.

Como su fama fue creciendo notablemente el emperador Carlos V, que admiraba profundamente sus sermones y le nombró su consejero y confesor, le ofreció reiteradamente el cargo de arzobispo de Granada pero él nunca lo había aceptado. Tras esto le ofreció el de Arzobispo de Valencia y Tomás se volvió a negar totalmente a obedecer al emperador en esto. El hijo del gobernante, que sería el futuro Felipe II, le rogó que aceptara pero tampoco quiso aceptar. Sólo cuando su superior de comunidad se lo ordenó bajo voto de obediencia, a pesar de pertenecer a la orden de ermitaños de San Agustín, entonces aceptó el cargo.

Prueba de su humildad es que cuando llegó a Valencia, de medianoche y en medio de una tormenta, pidió hospedaje de caridad en el convento de los Padres Agustinos y que sólo quería una estera para echarse en el suelo. Al descubrir los frailes quién era se arrodillaron ante él. Además, rechazó un regalo de 4.000 monedas de plata de los sacerdotes de la ciudad y lo entregó al hospital que necesitaba ser reedificado. Pronto empezó a recibir críticas de los amantes de las sedas y los oropeles ya que vestía una sotana vieja y casi andrajosa.

Fundó el llamado Colegio de la Presentación, en el que diez estudiantes pobres podían prepararse al sacerdocio en un ambiente de estudio, recogimiento y piedad. Además, criticaba duramente en algunos de sus sermones la crueldad en las corridas de toros. A pesar de que la oración y la meditación ocupaban gran parte de su tiempo había dado órdenes a su secretario de que cualquier pobre, y eran muchos, que se acercara a su Palacio debía recibir algo. Especial cuidado tuvo de los huérfanos y no hubo muchacha pobre de la ciudad que en el día de su matrimonio no recibiera un buen regalo del arzobispo. Además era especialmente insistente con las gentes de riquezas en que no debían gastar en cosas superfluas para así practicar la caridad e, incluso, les conminaba a repartir ayudas a los que no se atrevían a pedir. Esas ideas le mueven a denunciar injusticias, a fustigar el lujo de los ricos y, sobre todo, a ser cauto en la administración y parsimonioso en los gastos. Finalmente, un Septiembre del año 1555 sufrió una angina de pecho y se dispuso a repartir entre los pobres todo el dinero que había en su casa. Y murió con 66 años este noble ejemplo de caridad y bondad. Su cuerpo, enterrado en la iglesia agustiniana del Socorro, fue trasladado a la catedral de Valencia en el año 1658.

20 de noviembre de 2011

San Luís Bertrán, un valenciano dominico que evangelizó en el Nuevo Mundo.


En un siglo XVI en que no faltaban en Valencia vicios sociales de todo tipo y conversiones simuladas de moriscos también florecieron también santidades que pasaron a la posteridad. Uno de ellos fue San Luis Bertrán, que nació en el año 1526 en el seno de una familia cuyo padre era un prestigioso Notario y gran cristiano. Desde muy niño practicaba por las noches la oración y la penitencia durmiendo en el suelo y comulgando diariamente. De todos modos, en su juventud también tuvo sus dudas como cuando quiso ingresar en la Orden de los mínimos, siendo disuadido de ello por el padre Ambrosio de Jesús, o cuando decidió optar por una vida mendicante y escribió a sus padres justificando su decisión y basándola en numerosas citas de las Sagradas Escrituras. Su aventura terminó cuando fue alcanzado por un criado de su padre no muy lejos de Valencia.
En el año 1544 encontró su camino a pesar de lo precario de su salud ingresando en el Convento de Predicadores de la Orden de los Dominicos pues esta orden permitía ser monje y realizar labores de apostolado y prédica. Su vida fue de gran austeridad y se dice que siempre andaba con los ojos bajos y la cabeza agachada fuera y dentro del Convento, abstinente en el comer y amigo de cilicios y otras disciplinas, siendo su fisonomía como las que representaba el Greco con cara larga y delgada y ojos profundos. En 1547 fray Luis fue ordenado sacerdote. Y poco después, a la edad de veintitrés años, caso muy poco frecuente a esa temprana edad, recibió el nombramiento de maestro de novicios del convento de Valencia que repetiría siete veces a lo largo de su vida. Como maestro espiritual de novicios era muy exigente en asuntos de humildad y de obediencia y con gran facilidad quitaba el hábito y devolvía sus ropas de seglar a los que juzgaba que no llevaban una vida acorde, pero eso no impidió que fuera muy amado por sus novicios.
Aunque pasó enfermo casi todo el tiempo de su vida religiosa se entregó siempre a la penitencia y uno de sus dones más señalados fue la clarividencia pues con frecuencia, en confesión o en dirección espiritual, fray Luis daba respuestas a preguntas no formuladas o descubría vocaciones todavía ignoradas. Esta cualidad llegó a ser tan notoria que durante toda su vida recibió siempre consultas de religiosos y seglares, nobles o personas del pueblo sencillo pues su fama de oráculo del Señor llegaba prácticamente a toda España. Por ello en el año 1560 recibió una carta de Santa Teresa de Jesús, en la cual la santa le consultaba en relación a su reforma del Carmelo si su empresa era realmente obra de Dios. En su respuesta le predijo que no pasarían más de cincuenta años para que su orden fuera una de las más ilustres en la Iglesia de Dios.
En el año 1562 llegaron de América al convento dos padres que necesitaban vocaciones para la obra misionera que allí estaban creando y, aunque se le intentó disuadir por su frágil salud, obtuvo el permiso necesario para ir. Una vez en la región del Bajo Magdalena, en Cartagena de Indias, quiso ir a la selva para evangelizar a los indígenas nativos con los que se hacía entender en su propia lengua. Fiel a su estilo, llegaba el santo fraile misionero hasta las chozas más escondidas y no había camino, por escarpado o peligroso que fuera, que le hiciera recular. Además, se jugaba el tipo cuando derribaba los ídolos a patadas o mandaba quemar las chozas que les servían de altares. También era suicida su conducta por ejemplo cuando reprobó públicamente a un indio muy importante en su tribu que vivía amancebado con una mujer casada. Pero en este entorno también se encontró con la opresión y los abusos de los conquistadores o encomenderos, presuntos cristianos, a los que combatió y al que intentaron asesinar repetidamente. De hecho, los milagros que más pueden observar en las pinturas que le representan es cuando los encomenderos lo intentaron envenenar con un potentísima poción, pero que después de vomitar una serpiente, recobró la salud; y cuando un encomendero quiso matarle pero, al dispararle, su arcabuz se convirtió en un crucifijo. Por ello recibió la advertencia del Obispo de Chiapas en México, Fray Bartolomé de las Casas, también dominico, que le prevenía así “Lo que más quiero advertiros, y para eso principalmente os escribo, es que miréis bien cómo confesáis y absolvéis a los conquistadores y encomenderos, cuando no se contentan con los privilegios del rey y tratan tiránicamente a los naturales contra la expresa intención de su majestad”. En estas circunstancias y, cuando estuvo convencido de que ya había dado todo de su labor misionera con los indios, pidió al padre General licencia para regresar a España, y así la obtuvo.
Una vez aquí, fue nombrado Predicador General de su Orden y recorrió los pueblos de la actual Comunidad Valenciana, normalmente a pie, aunque la llaga crónica que le había dejado cojo a veces le hacía ayudarse por alguna cabalgadura. Sus prédicas eran sencillas pero vibrantes y refería numerosas anécdotas de las vividas en América. Fray Luis pensó ya, llegado a la última etapa de su vida, en retirarse a la paz contemplativa de la Cartuja de Porta-Coeli. En ese mismo año, a requerimiento del virrey, que había sido consultado al efecto por Felipe II, hizo un informe sobre la posible expulsión de los moriscos pues San Luis reconocía que, en parte, habían sido forzados al bautismo, cosa que criticaba duramente. Y de los moriscos decía que «casi todos son herejes y aun apóstatas, que es peor,... y guardan las ceremonias de Mahoma en cuanto pueden». Como solución proponía que no se administrara el bautismo a los niños hijos de moriscos si iban a vivir en casa de sus padres, porque había evidencia moral de que iban a ser apóstatas como ellos, y más valía que fueran moros que herejes o apóstatas. Este dictamen fue refrendado por su buen amigo San Juan de Ribera, arzobispo de Valencia, en cartas al rey.
El uno de enero de 1581 cumplió fray Luis sus cincuenta y cinco años, y predijo la fecha de su muerte, el 9 de octubre, fiesta de San Dionisio y compañeros mártires. Esto llegó a plasmarlo en un papel su prior de la Cartuja de Porta-Coeli escribiendo: “Anno 1581, in festo Sancti Dionisii, moritur fr. Ludovicus Bertrandus”. Selló luego el papel, y lo guardó en la caja fuerte del monasterio con la siguiente leyenda: “Secreto que ha de ser abierto en la fiesta de Todos los Santos del año 1581”. San Juan de Ribera, veneró tanto a nuestro santo que llegó a llevarse al enfermo a su casa arzobispal de Godella. Allí el arzobispo le arreglaba la cama, le sanaba las llagas que tenía en las piernas y le cortaba el pan y la comida. Y ese día murió, justamente, el 9 de octubre de 1581, fiesta de San Dionisio y compañeros mártires. Paulo V lo beatificó en 1608, y Clemente X lo incluyó en 1671 entre los santos de Cristo y de su Iglesia.

18 de octubre de 2011

Las pestes que diezmaron Valencia y Lluís Alcanyís como médico que las previno.


Lluís Alcanyís fue uno de los primeros cirujanos de Europa que practicó disecciones en el S.XV. Transcurrió su infancia en Xàtiva en el seno de una familia burguesa ya que su padre era el notario de la localidad. Su muerte en la hoguera, acusado de judaizante por la Inquisición en la plaça dels Apòstols de Valencia, fue el acontecimiento vergonzoso que hizo arder al primer catedrático de Medicina de la ciudad del Turia. Su mujer Eleonor ya había sido quemada viva el 14 de Septiembre del año 1505, mientras que el presidio de él duró hasta el 24 de Noviembre del 1506, siendo ejecutado al día siguiente de la misma forma cruenta en que murió su esposa.

Sin embargo, a Lluís Alcanyís, junto a otros médicos valencianos de la época, se les debe la modernización de los planes de estudios médicos y la inclusión en los mismos de las materias quirúrgicas, disciplina relegada hasta ese momento al gremio de cirujanos y considerado práctica menor dentro de las disciplinas sanitarias. También le debemos un tratado divulgativo sobre las medidas preventivas y curativas frente a una enfermedad como la peste que llevaba más de un siglo causando estragos en Europa y que tardaría otros dos siglos en desaparecer completamente. Su Regiment Preservatiu e Curatiu de la Pestilencia fue impreso hacia el año 1490. En estos tres siglos, veintisiete fueron los brotes epidémicos de la mortal enfermedad en Valencia ciudad, ocasionando cambios sociales de todo tipo ya que aparecen ordenanzas, se solicitan bulas papales, se realizan crides para participar en procesiones rogativas y aparecen nuevas veneraciones como la de la Mare de Deu Contra la Pesta. Los efectos trágicos de esta fueron considerables ya que la crisis económica y despoblación acompañaron a los episodios más mortíferos y entre la nómina de respetables intelectuales víctimas de la peste deberemos incluir a la insigne literata y religiosa Sor Isabel de Villena. Además, la generación médica coetánea a Lluís Alcanyís será conocida en toda Europa por otros tratados sobre esta patología infecciosa, escritos en latín, por ser médicos papales del también valenciano Alejandro VI y por ser pioneros en el tratamiento de una nueva patología que, desde finales del siglo XV, afectaba a toda Europa, como es la sífilis.

22 de septiembre de 2011

La "Taula de Canvis" de Valencia propició la primera letra de cambio que hubo en el mundo.


La Taula de Canvis fue una institución financiera que apareció como el precedente más directo de los bancos públicos ya que complementaba a la banca privada en el siglo XV, en respuesta a la necesidades generadas por el aumento del comercio y los viajes a larga distancia en una economía como la valenciana que se erigió en la más potente de la época. Su finalidad era evitar la morosidad , usura , quiebras y descrédito en las operaciones. El hecho es que Martín el Humano autorizó en el año 1407 la creación de la Taula de Canvis i Depòsits (de cambios y depósitos) de la ciudad de Valencia como institución que sirviera de depósito de alhajas, cambio de moneda, depósito de fondos públicos, tribunales, etc,...
De hecho, la actividad mercantil de Valencia y su reino era tan intensa que se emitieron las que posiblemente fueron las primeras letras de cambio utilizadas en Europa Occidental sobre los años 1371 ó 1376.
La primera Taula de Canvis i Depòsits de la Ciutat de Valencia, no obstante, se liquidó en el año 1416 por quiebra y mala gestión lo que obligó a tomar préstamos privados. En el año 1519 se reabrió una Nova Taula, que perduró hasta el 1649. Durante algún tiempo esta se ubicó en el salón de las columnas de la Lonja de la Seda, que era el centro mercantil de la ciudad. En el 1649 apareció la Taula Novíssima, que siguió en funcionamiento hasta los decretos de Nueva Planta del año 1707. Con la abolición de los fueros, desapareció definitivamente en el año 1719. La Taula de Canvis era físicamente una mesa de madera que aún se conserva en el Palacio de Cervelló y que se cubría con un tapete que llevaba dibujado el escudo con las armas de la ciudad.